No quieren ser molestados ni molestar a nadie, por eso tratan de alejarse del gentío a la vez que se rodean de fanáticos como ellos. La cultura de las raves en la música electrónica se basa en el “vive y deja vivir”, sustentándose además en los pilares de la música electrónica: paz, amor, unidad y respeto.
Si bien las raves se remontan a la década de los 80 en lugares como Reino Unido o Chicago con el auge de la escena acid, uno de los subgéneros de la música house derivada de la electrónica, el sonido del sintetizador que más define este estilo, el Roland TB 303, se convirtió en el denominador común a las fiestas que vinieron posteriormente.
Ya sea mediante las redes sociales o el boca a boca, las raves acabarían atrayendo a cientos de miles de fiesteros en un evento gratuito, sin licencias, límite de decibelios ni horario. Pese a ser consideradas en sus inicios como fiestas ilegales, las raves sirven de precedente o previa para la celebración de muchos de los mejores festivales de música electrónica del mundo.
Del inglés “rave” (cuyo significado en español es “delirio”) el mismo término se ha utilizado para una forma de disfrutar de la música donde los raveros aprovechan para crear lazos, establecer alianzas y declarar esta actividad como un estilo de vida, un ritual y hasta una religión que va más allá de los prejuicios que diariamente llueven sobre las raves: que sólo son cúmulo de música a todo volumen, sin sentido, que propician el intercambio de sustancias poco lícitas… Esta sería una visión sensacionalista y preconcebida de estas prácticas.
Sin embargo, a día de hoy son cientos de clubes de música electrónica los que acogen estas particulares celebraciones, que en los últimos años también se han vinculado a otros aspectos como la moda, la estética Y2K (fundamentada en la vestimenta y la cultura pop de los 2000) o la libertad de expresión, haciendo de las raves y la música electrónica un fenómeno global.
La cultura de las raves ha evolucionado hasta convertirse en algo presente en las redes sociales, con cientos de jóvenes preparando sus outfits para “irse de rave” a la vez que mantienen paralelismos con la cultura del post punk (desde la rebeldía moderada hasta la corriente experimental, artística y sesuda) y los elementos futuristas. Todo ello con el objetivo de entrar en un estado de abstracción y liberarse aunque sea por unas horas del mundo real en el que cada día se ven activamente obligados a participar.
